Damián no había cumplido dos años cuando a su padre lo transfirieron a la embajada argentina en Londres. Si ese episodio fortuito e inesperado para la familia no hubiese ocurrido, habría conocido a Camilo, su vecinito del cuarto B. Cada mañana, tomados de la mano, atravesarían la plaza camino al jardín de infantes del colegio Sagrado Corazón donde la seño Verónica los esperaría con una sonrisa. Con el paso del tiempo compartirían la primaria.
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Para el fin de semana
La despedida perfecta
Bajé a la playa, mi tía Beatriz se cocinaba al sol desde bien temprano.
-Venite unos días me decía en el mail, Miramar sosiega el espíritu, necesitás descansar y olvidarte de esa guacha; hiciste bien en separarte, nunca me gustó Sofìa, ya te voy a contar lo que se decía de ella en la peluquería-. Se refería a mi ex, la muy puta me engañaba con su jefe, -de libro-.
De mi libro: Un Pan de Dios
Sentado frente a la mesita donde estaba apoyado el teléfono Benito miraba el gris aparato como si fuera un oráculo que le daría la respuesta.
¿Lo debo llamar?, se preguntaba, tengo que armarme de coraje y hacerlo. Vaciló, estiró la mano y levantó el tubo, lo miró por unos momentos buscando quizás a través de los auriculares, la presencia de quien fuera a atender la trascendente llamada que estaba a punto de realizar. Marcó el número y esperó.
¿Donde velan a Mauro Villalba?
Entré al velatorio, me pareció un lugar despojado, ausente de recuerdos, gélido como las salas de espera de los hospitales donde los familiares aguardan una noticia alentadora. -Está mejor, mañana le damos el alta, nos comunica el medico sonriendo. Suficiente para conciliar el sueño y seguir esperando.
Otras veces suena la temida frase, –no pasa de esta noche-.
Los velorios son el punto de partida para transitar el duelo, cada hora es distinta, lentamente el muerto muta de persona a cadáver. Mirarlo una y otra vez destruye los pocos vestigios de esperanza de que no sea él, que estemos viviendo un sueño. A medida que el tiempo transcurre, el sufrimiento cede, las muestras de pesar animan, las emociones se estabilizan hasta el deseado momento en que el ataúd se cierra y todo termina.