Matar a una persona no es tarea fácil, requiere coraje, sobre todo, si se trata de un ser querido. El asesinato puede ser premeditado o producto de la ira que provoca descubrir una traición. En mi caso me guía un motivo superior para perpetrarlo. Anticiparse al deseo de matar, sabiendo que en algún momento surgirá el instinto criminal, es un privilegio, una ventaja para no cometer errores.
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Desde la ventana
Desde la ventana
Don Juan miraba por la ventana hacia la calle, la mañana fresca invitaba a caminar bajo los rayos del sol que atravesaban la copa de los árboles y caían sobre el asfalto dando destellos de colores. Lentamente la humedad del rocío matinal se evaporaba y el nuevo día mostraba su esplendor.
Desastre
-Abarcar lo insoportable nos hace desdichados, remueve nuestras raíces e impulsa rencores que una vez instalados corroen hasta lo más íntimo, dejando solo hojas secas donde hubo piel y troncos ahuecados donde hubo huesos-.
Los diez esqueletos
Los diez esqueletos
El titulo me condicionaba, en el taller de narrativa al que había asistido durante el verano, me habían asegurado que para que un texto tuviese fortaleza y captara la atención del lector desde el principio, era necesario impactar con un buen titulo.
La Plaga
Me acuerdo, como no me voy a acordar si me parece que las estuvieses viendo venir por detrás del monte. Una marea gris en una danza armoniosa como si fueran un cardumen de sardinas, dándose formas extrañas para intimidar y pretendiendo ser una sola cuando eran miles, quizás millones que en unos pocos minutos dejaron el campo destrozado, peor que si lo hubiese sacudido un huracán o una gran tormenta de granizo.